El vino está presente en la vida de los hombres desde épocas bíblicas. A diferencia de otras religiones, la judía no prohíbe el consumo de alcohol. En Argentina acaba de lanzarse un club para bebedores de vinos kosher.
Con un sorbo de iain (vino, en hebreo), en la religión judía se celebran los ritos de la vida. Los vinos utilizados, como el resto de los alimentos, deben ser kosher. Esta palabra –en hebreo: puro, apto– indica que los ingredientes responden a convicciones y pautas religiosas o que en ellos hubo una certificación constante, tanto de los procesos productivos como de la calidad de los insumos.
A diferencia de otros productos, como el de la carne kosher, que requiere que la vaca se sacrifique de modo especial y se consuman algunos cortes, en el vino la técnica, elaboración o el tipo de cepajes tiene requerimientos como respetar el descanso del shabat (sábado) y el uso de levaduras aptas. Pero el básico es la certificación de un rabino que supervisa el proceso de elaboración, en el que solo pueden intervenir manos judías.
Hace unos años, en el mundo hubo un crecimiento de 50% de consumidores de vinos kosher. Pensando en esta demanda, Gabriel Vinitzky decidió lanzar en Argentina el Kosher Wine Club. “Queremos quitarle la mala prensa al vino kosher, al que la mayoría asocia con ese vino dulce, conocido como kosher meshuval”. Meshuval en hebreo significa pasteurizado y es el que no se impurifica (no pierde su condición de kosher) al tacto de alguien que no pertenece a la colectividad, pero que por la pasteurización pierde aroma y sabor.
Los vinos que se producen para el club nacen en viñedos seleccionados de la provincia de Mendoza, Argentina, y se elaboran en la bodega uva negra wine, bajo la supervisión permanente del rabino Daniel Oppenheimer. Bimestralmente los socios reciben una caja con seis botellas (que no encontrarán en ningún otro lado) y su ficha técnica (con detalles de la fabricación y propuestas de maridaje), más el newsletter con novedades del club y del mundo del vino. Apenas abierta la inscripción, ya cuentan con más de 300 socios. Para celebrarlo, nada mejor que usar la expresión de uno de los brindis que supo atravesar la barrera del tiempo: ¡Le jaim! ¡Por la vida!